God is an Astronaut – Sonora, Erandio: Post Rock de primera división, emotivo, ingenioso, directo al corazón.

Publicado por el 8 mayo, 2015

Crónica: Unai Endemaño
Fotos: Unai Endemaño
Nota: 9/10
Fecha del concierto: 2 de mayo de 2015

No estamos aquí ante la clase de banda, con la que uno se imagina pasando el sábado por la noche, eso está claro. El tipo de desarrollos sobre los que edifican sus temas, GOD IS AN ASTRONAUT, parecen entroncar más con domingos de resaca, que con guateques noctívagos, o al menos, eso le viene a la cabeza a uno mientras escucha sus discos. En directo sin embargo, los irlandeses saben cómo exprimir los puntos eufóricos de su propuesta.

En esta ocasión se presentarían en la Sonora de Erandio sin sus habituales proyecciones, desprovistos del particular impulso visual que acostumbran a imprimir, con sus livianas melodías como único sustento sobre el que mecerse. Así comenzaríamos tímidamente, sumergiéndonos en los devaneos que iban prendiendo los comedidos músicos, tranquilos y relajados mientras las teclas tomaban el protagonismo de la velada.

Rápidamente esgrimirían el “Reverse World” de su último Origins, constatando lo bien que iba a sonar la fórmula de los astronautas, presentando brevemente su creación más reciente, hasta que el All ls Violent tomara el protagonismo que merece. Interpretarían la suntuosa “Fragile”, la delicada “Forever Lost” y la trepidante “Fire Flies and Empty Skies”, mostrando de esta manera, tres caras de un mismo álbum inolvidable.

No se olvidarían de presentar un par de nuevos cortes de su inminente Helios / Erebus, bastante movidas y sin tanta voz robótica como llevaban facturando últimamente. La gente las disfrutaría casi tanto como cuando lucían clásicos del estilo de “End Of The Beginning” o “From Dust to Beyond”, sin que pareciese que hubiesen trascurrido quince años entre unos cortes y otros, fieles a su ecuación infalible de crescendos con fundamento.

Se mostrarían poderosos en los momentos álgidos, con su teclista/guitarrista Jamie Dean bajándose a las primeras filas, animando al respetable y agitando greñas como si estuviese interpretando Thrash Metal iracundo. Post Rock de primera división seria sin embargo lo que los altavoces continuarían proclamando, la clase de canciones diseñadas para la evasión absoluta, para la ensoñación recurrente, para la verdadera inmersión planeadora.

Recorreríamos luminosos pasillos de esta manera, de manera semejante a como traspasaba los años luz la nave de 2001, con los ojos bien abiertos y el corazón botando rumboso. La banda tendría tiempo para bromear sobre el combate de Mayweather y Pacquiao, en lo que lo atmosférico nos daba un pequeño respiro. Terminaríamos con la estrella suicida que brillaba desde su violenta obra maestra, emocionados y encendidos, encandilados por el irresistible empuje que  desprendían estos irlandeses astronautas.

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