Dream Theater (A dramatic turn of events) – Crítica

Publicado por el 12 octubre, 2011

dreamtheaterdramaticArtista: DREAM THEATER
Álbum: A DRAMATIC TURN OF EVENTS
Estilo: Metal progresivo
Fecha: 13 de Septiembre de 2011
Sello: Roadrunner Records
Nota: 9/10

Siempre pasa lo mismo cuando un músico sale forzosamente del grupo que le ha visto crecer 25 años atrás, a partir de aquí, se crean tensiones y disputas innecesarias que acaban casi siempre mal. Cuando se pone en tela de juicio quien lleva la razón o no, se crea una mala imagen y un mal rollo innecesario. Eso lo que ha ocurrido con la salida de Mike Portnoy de las filas de su grupo de siempre DREAM THEATER. A partir de que sus ex compañeros anunciaron la salida del conocido batería del grupo americano de metal progresivo, la noticia dio la vuelta al mundo en cuestión de segundos, reflejando una imagen de desconcierto total entre todos los seguidores del conjunto americano de metal progresivo.

Todo parecía un complot o un juego sucio para echar a la calle al conocido batería que tanto amor y empeño había puesto en el grupo de su vida. Si echamos la vista al pasado, fue Mike Portnoy el que plantó la semilla que engendraría años más tarde, el éxito de uno de los grupos más prometedores de la historia del metal progresivo, DREAM THEATER. Seguidamente John Petrucci y John Myung, serían los cómplices perfectos para  apoyar el universo musical que DREAM THEATER estaba a punto engendrar, con éxitos tan laureados como su primer obra maestra, “Images and Words”, “Awake” o los posteriores e imborrables logros del grupo, como  “Metropolis Pt2”, “Six Degrees of Inner Turbulence” que supuso todo un cambio en la maquinaria del grupo y otra forma muy distinta de entender el estilo, o los éxitos más recientes como el fabuloso “Octavarium” con el que posteriormente grabarían ese magnífico “Score”, tocando en directo con una orquesta sinfónica los éxitos más laureados por sus seguidores. Sin olvidarnos por supuesto, de su más reciente obra maestra en la cual, aún seguía el baterista, “Black Clouds & Silver Linings”.

No quiero ser pesado o aburrido con este tema, pero gran parte del éxito cosechado por DREAM THEATER, se lo debemos a Mike Portnoy, y es que sin él, hoy día el grupo no estaría donde está. Él le ha dado mucho a este grupo, y ha sido el eje motor, por el que giraban todas las composiciones de sus obras pasadas. Anteriormente entrevistaron a Mike Portnoy en un periódico, y él hablaba de que había intentado pedir perdón a sus ex – compañeros por todas las cosas feas que había largado sobre ellos, intentando así entrar de nuevo en DREAM THEATER, pero ya era demasiado tarde, sus compañeros habían elegido un aspirante para sustituirlo, y aquí es donde entra el nuevo batería, Mike Mangini, que sin menospreciar su trabajo en DREAM THEATER. Debo admitir que se echa mucho de menos a Portnoy en el tema de la producción, la limpieza final de los temas, o la batería, etc…

Aquellas mega producciones han quedado en un segundo plano, pero no por mucho tiempo, aunque parecía que la pérdida de Mike Portnoy iba a hacer estragos en la música del combo americano, nada más lejos de la realidad, John Petrucci ha asumido las riendas de esta criatura, llevándola a su terreno y desarrollando un trabajo magistral en todos los ámbitos. Aunque se nota bastante que el sonido y el peso de la batería ha perdido a un grande y uno de los pilares principales de la música de DREAM THEATER. Si, bien Mike Mangini ha sabido ocupar un puesto merecido, demostrando así, ser un batería muy talentoso y logrando estar a la altura de lo que esperaba de él. Aunque no le ha dado tiempo a componer las canciones, porque cuando él llegó ya estaban compuestas, ha puesto su granito de arena humildemente de cara a al futuro.

Después de este marrón, antes de adentrarme en el nuevo universo presentado por DREAM THEATER, tenía algo de miedo, porque no sabía realmente lo que me iba a encontrar, pero como bien se puede ver; en el grupo hay otros buenos músicos, y el peso de John Petrucci ha hecho posible lo que muchos veían imposible. El otro día, pude leer un comentario que me hizo comprender algo, y que va en referencia a todos aquellos que encuentran una decepción a medio camino, antes de haber degustado algo que para ellos, es decepcionante. (Me parece que muchos fans y críticos ya por el solo hecho de que Portnoy no este se les metió en la cabeza que DREAM THEATER no va a ser lo mismo y se sentaron a escuchar el disco con esa idea en la cabeza con mala predisposición. Me parece que como dice un viejo dicho, El árbol no les deja ver el bosque). Es muy cierto, porque decir, que este trabajo es malo, es como decir que IRON MAIDEN son el peor grupo de heavy metal del mundo. Sin menospreciar a nadie, claro está.

Sinceramente, estoy de acuerdo que DREAM ha perdido un peso importante en sus filas, sin embargo decir que este trabajo no es tan bueno como los otros, creo no es muy correcto, porque se ve a simple vista que DREAM THEATER sigue ofreciendo material de calidad y eso se palpa desde las primeras escuchas. Tal y como pude leer en otra publicación, se decía que Jordan Rudess, se había quitado un gran peso de encima, ya que Mike Portnoy le cortaba la inspiración en muchas ocasiones cuando este, estaba componiendo las canciones. No se que tan cierto sea eso, lo único puedo decir, es que el despliegue instrumental de cada canción es triunfal, asombroso, fantástico. Y mira que me habré escuchado el disco como unas 50 veces antes de hacer la crítica. Pues hasta ahora no he visto ni un gramo de decepción o irregularidad en “A Dramatic turn of Events”.

Es curioso, pero cada vez que lo escucho más me gusta, más me entusiasma, más me apasiona, y a medida que avanza el segundero del reloj, encuentro más emotividad impresa en las letras, en la música. Algo difícilmente inexplicable que hay que sentirlo personalmente, para poder expresarlo. Las semejanzas y diferencias con sus obras anteriores se palpan desde primera instancia; otro tema que me produce curiosidad, si antes la labor lírica era encomendada por Mike Portnoy, para esta ocasión John Petrucci ha tenido una doble labor, encargándose también de las letras, aparte de la música.

Olvidemos por un instante que Portnoy no ha pisado la vida de DREAM THEATER en ningún momento, si tuviéramos que analizar este disco paso a paso, y fuera el primero de muchos éxitos, estaríamos hablando de una obra maestra. Pero como hay que hacer caso a su discografía es otra cosa, pero no, el éxito pesa mucho, y la evolución que llevas a rastras, pesa cada vez más a merced de lo que podemos encontrar en trabajos pasados del grupo. Una de esas evoluciones clave, la encontraremos en los cortes más pausados y lentos, como es el final del álbum, “Beneath the Surface”, un tema atípico y extraño, que crea un leve susurro melódico, y unos arquetipos sistemáticos con un Jordan Rudess pletórico, dándolo todo, o la labor de James Labrie, encajando una situación vocal preciosa a camino entre la melodía de la guitarra acústica, y la melancolía, sin olvidar por un instante la belleza del largo cabello pronunciado por los violines de viento, a su vez la tesitura armónica resulta demasiado cómoda, con aires de balada.

Del final, volvemos al principio para dar la bienvenida a una de las mejores piezas que ha escrito DREAM THEATER en todo este tiempo, estoy hablando de “On the Back of Angels”, uno de esos cortes en los que se aprecian los eventos que han ido pasando por el grupo a tenor de los años anteriores, y que recrea un poco la imagen que se puede ver en la portada del álbum, se nota y mucho el derroche de desglose compositivo, y los teclados tanto en este como en todos los temas del álbum tienen una presencia por encima de lo normal, aparte que la estructura de la canción, repetida hasta la saciedad, deja ver recuerdos de álbumes como “Octavarium” por ejemplo, con una introducción panorámica de guitarra, y unas baquetas atrincheradas en el enclave al que estamos a punto de acudir, con un medio tiempo leve, y una introducción de guitarra fantástica, con el pequeño telón de fondo, simulando los atisbos de una melodía de película de ciencia ficción, para seguir con el estruendo tan fantástico de guitarra, bajo y batería, o los malabarismos de Jordan Rudess tan virtuoso como de costumbre, alabar los mecanismos tan bien engranados de Petrucci, la finura de Myung o la labor impecable de Mangini, dejando arrastras el recuerdo de Portnoy. A Labrie si lo noto algo más retraído que de costumbre, como si no pudiera dar más de sí mismo, pero no en este tema, en muchas de las canciones lo he notado algo limitado. Para terminar de analizar esta canción debo nombrar una parte de esta canción que me ha parecido preciosa, y es cuando en el minuto 5.52 el piano comienza a jugar, dibujando unas melodías muy ricas en matices para posteriori acomplejarse del pedazo solo de guitarra que se marca Petrucci.

Vagando por los finos hilos de ese cielo cristalino, entramos en la atmósfera de “Builde Me Up, Break Me down”, un track muy potente, cargado de esa fiera que algunas canciones de DREAM llevan en su estandarte, perpetuando saltos melódicos, sustanciosos, suaves, atmosféricos y estructuras simpatizantes con el cine tan hollywoodiense de los años 50, aquí si hay un momento en que la escucha se reitera algo tontona y aburrida, sin embargo tiene algunos pasajes muy buenos, homogéneos y complejos como los del estribillo y la melodía de la que va acompañada la voz de Labrie, repetida en contadas ocasiones hasta finalizar con un silbido de música clásica.

De los cielos pasamos a las arenas, a manos del susurro del viento a lomos de un trote serpentino, despertando así, una letra con síntomas oscuros con la presencia del piano elaborando otra melodía bastante hermosa y despertando el ladrido de las guitarras, con un constante reiterativo, que hará degustar un laberinto de teclas orgásmicas, con un tono vocal algo más serio y entregando una labor muy buena de Mangini a los parches, extrañando por activa y por pasiva, el tambaleo que Portnoy encajaba a la batería, con su dominio tan aplastante sobre la materia. Es un tema que sobrepasa los 10 minutos de duración, y engloba muchos esquemas, como los del minuto 7:24 y 8:16, eyaculando con exclusividad unos solos de guitarra refinados, mágicos, repletos de carisma y buen hacer, optando por un desarrollo que raya la perfección en todo momento.

El fascinante y encantador comienzo de “This is the life” nos sumerge en un vaivén de magia y belleza, las armonías de esta canción son  unas de las más bonitas del álbum, se trata de una de las canciones que aún todavía no me canso de escuchar. Una pieza de 7 minutos, el gimoteo de la guitarra y los arreglos recrean un paisaje suavizado por una gran producción, junto a ese gran solo de guitarra de Petrucci, o la belleza angelical de la voz de Labrie, el piano y la batería construyen la simpatía de un corte que recuerda a otros grandes temas pasados como son “Vacant” o “Wither” y que de seguro se hermanará con ellos, para convertirse en otro de los éxitos de DREAM THEATER en el futuro. La melodía que se repite en varias ocasiones, engloba en sus entrañas, la pasión por el sentimiento emotivo, y una facilidad escabrosa, capaz de absorber cualquier mal, y partir tu corazón a trocitos.

Con “Bridges of the Sky” viajamos al ecuador del álbum, y nos encontramos con una introducción abierta, radiada por la naturaleza, el silbido de las águilas y el coro del comienzo nos adentra en un pasaje misterioso, las guitarras son las primeras en dar el do de pecho, y su capitán, Petrucci, las conduce por un camino lleno de riffs, y un atisbo de ambientación, la voz de Labrie coge el relevo, y a partir de aquí, llega una de las frases y estribillos más hermosos del álbum, cuando dice “Sun, Come shine my way, May heading waters bury all my pain…” siguiendo con unas atmósferas mágicas, llevadas por la parafernalia sonora de Jordan Rudess. A mediados de la canción, hay un momento en que la escucha se atraganta, sin embargo a partir del segundo estribillo aparece otra de las partes instrumentales más ricas compositivamente hablando. Cuando los puñetazos de batería nos hablan y se unen a los teclados, o la virguería guitarrística de Petrucci, más esos planos pianísticos tan extraños allá por el minuto 8.20. A partir de aquí, se repite lo mismo, el tema finaliza tal y como empezó.

“Outcry” y “Breaking all illusions”, ambos me parecen dos joyas de alto nivel, a las que cuesta cogerle el tranquillo, pero una vez asimilado se posicionan con un entramado arquitectónico apetecible, la primera hace mucho uso de la electrónica en según qué momentos, parece que el amigo Jordan Rudess ha tenido la oportunidad de explayarse a gusto sin que nadie le diga, lo que puede o no puede hacer. En esta canción, alabaría sin duda la vocalización de Labrie, entonando perfectamente bien a través del ambiente abismal que recrea la música sintetizada allá por el minuto 3.05 hasta el minuto 3.29  que es cuando Labrie estalla de júbilo interpretando una pieza con mucho ahínco y entrega, por milésimas de segundo parece que la voz está por encima de las guitarras, y estas quedan en un segundo plano; es más la batería también queda desacoplada, a partir del minuto 5.05 nos entra un aire de leyenda, con indicios egipcios y árabes, seguidamente Myung reabre sus alas, para coger más protagonismo endulzando la batería de Mangini con más fervor. Seguidamente, lo nunca visto, el aspecto instrumental de estos grandes músicos endulza uno de sus puntos logísticos mayor elaborados por DREAM THEATER en este disco, casi dos o tres minutos de virguerías y plataformas tan elaboradas que no había visto desde “Octavarium” o “Six Degrees of Inner Turbulence”. El segundo corte, no lo voy a desmenuzar, pero si voy a decir que goza de un ingenio musical, algo radical y estrafalario en el buen sentido de la palabra, casi 12 minutos de subidas y bajadas, alternancias de todo tipo, y un desglose maquiavélico que sólo uno de estos grandes es capaz de llevar a cabo en sus canciones. Nombrar por ejemplo la parte solista de guitarra, que va desde el minuto 7:00 con la guitarra acústica, y posteriormente con el bajo de acompañante, más el organillo difuminado y el impresionante solo de guitarra de Petrucci, casi dos minutos de duración, creando con la llegada de Mangini, uno de los pasajes más impresionantes de todo el disco.

Y si todo esto no fuera suficiente, “Beneath the Surface” pone el punto y final a un discazo, y un zas en toda la boca, a todos aquellos que pensaban que DREAM THEATER no podría sobresalir sin la ayuda de Mike Portnoy, que equivocados estaban, porque estos señores se han marcado una obra maestra como la copa de un pino. La calidad y la genialidad está presente en todo momento, no hay peor ciego que el que no quiere ver, Portnoy era un grande y lo seguirá siendo, pero como se ha visto, aún existe vida después de la muerte, y DREAM THEATER no sólo es Mike Portnoy, John Petrucci ha demostrado una vez más su grandeza e ingenio, en esta ocasión es el encargado de dirigir al grupo de la mejor forma posible, demostrando el porqué de su valía, la respuesta la tenéis en este disco y en estas nuevas canciones, que no desmerecen para nada del éxito cosechado por el grupo años atrás.

Componentes:

John Myung – Bajo
John Petrucci – Guitarra
James LaBrie – Voces
Jordan Rudess – Teclados
Mike Mangini – Batería

Tracklist:

01. On the Backs of Angels
02. Build Me Up, Break Me Down
03. Lost Not Forgotten
04. This Is the Life
05. Bridges in the Sky
06. Outcry
07. Far from Heaven
08. Breaking All Illusions
09. Beneath the Surface

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Autor: Francisco Román

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