Evoken (Atra Mors) – Crítica

Publicado por el 13 octubre, 2012

Artista: EVOKEN
Álbum: ATRA MORS
Estilo: Funeral Doom/Death
Sello: Profound Lore Records
Fecha: 31 de Julio de 2012
Nota: 9,5/10

Prácticamente de obra maestra se podría tachar lo nuevo de los norteamericanos EVOKEN,  la formación de Funeral Doom procedente de New Jersey, ha vuelto a poner los puntos sobre las íes con otro trabajo monumental titulado “Atra Mors”. Ya hace un tiempo que salió a la venta este disco, fue el 31 de Julio de este 2012. Pero nunca es tarde para reseñar la abominación asombrosa que supone adentrarse en las entrañas de una banda de esta calaña y el sonido que impera en cada una de sus composiciones.

EVOKEN es de las pocas formaciones de este género que sigue sorprendiendo después de 5 trabajos a sus espaldas y 18 años de carrera; si retrocedemos en el tiempo, tenemos que irnos cinco años atrás para hablar del anterior Lp de la banda, “A Caress of the Void”, gran álbum pero no el mejor del grupo, sin embargo dos años antes, editaron el que para mí es una de las joyas de su discografía junto a “Quietus”, “Antithesis of Light”. Seguramente este nuevo “Atra Mors” se convierta en clásico de su discografía tal y como llevan haciendo cada vez que lanzan un nuevo Lp  al mercado, “Atra Mors” es un álbum catastrófico en el buen sentido, además de catatónico y de una envergadura impresionante, tanto en lo musical, estilístico, como en el aspecto dimensional, sobre todo si hablamos de atmósferas que es uno de los estandartes por los que sobresale la música de este conjunto.

Intrínseco, enredoso, directo, elaborado, minucioso, una obra de este calibre no podría ser menos llamativa, tétrica, oscura, agonizante. Los apasionados de este género, si conocen la carrera de EVOKEN, sabrán de lo que estoy hablando. A pesar del sonido tan establecido con el que cuenta el grupo, en “Atra Mors” vuelven a dar un giro brusco a su estilo personal pero manteniendo los toques clásicos que los han caracterizado siempre, no hay más que ver la introducción en el tema “An Extrinsic Divide” el doblamiento de los punteos suaves y alargados, frente a los más leves y rizados. Hasta aquí todo perfecto, de repente un vendaval de riffs retumba en el ambiente y engorda la escucha con unas guitarras enormes, y es cuando nacen esos gruñidos escalofriantes de John Paradiso, intratable a pesar de los años.

En el momento que escuchas la música de EVOKEN, te sientes hasta poderoso, es tal la energía que desprende esta banda en sus canciones, que resulta inexplicable; te entra una cosa por dentro indescriptible. Es lo que ocurre con “An Extrinsic Divide” este tema marca muy bien el paso y el rodaje con una batería nada desquiciante, finamente encuadrada postrada con ahínco, magníficas las filigranas de los guitarristas, desvirtuando su genio y grandeza, un acompañante fiel el bajo de David Wagner endulzando la mezcla con unos graves estruendosos, a partir del primer interludio donde las guitarras avanzan con un sonido más personalizado, la lentitud se acopla a la pesadez rítmica, a partir de aquí todos los instrumentos marcan un sendero apocalíptico, la velocidad se adueña del conjunto, finalmente la canción nos deja ver unos redobles de batería agónicos, vuelta a empezar y la ecléctica mezcla dibuja unos teclados espeluznantes.

Aparte de ser un disco denso y muy elaborado, cada tema resuma una importancia incatalogable, ya no solo por su duración, ya que hay algunos tracks que destacan por encima de otros, como por ejemplo “Grim Eloquence” corte que no debe pasar de largo para nadie, sorprendente el sonido rallado del comienzo y el salto abismal a la inmundicia de ese doom maquiavélico, desmedido, sustancial, una canción que va ganando con el paso de los minutos, decadente, ambiental, y atmosférica, un plato de buen gusto, las guitarras más graves quedan en un segundo plano a merced de la tempestad hipnótica, pasajes sintetizados burbujeantes con pequeños y frondosos atuendos espectrales, el violonchelo crea un pintoresco atuendo difícil de describir, el solo del final pone un poco la guinda del pastel con unos redobles de batería enfáticos, haciendo de esta canción, una birria para los oídos más receptivos, pero no todo queda ahí, las guitarras que le siguen después tienen una última carta que mostrar, las harmonías finales gozan de un puntaje suave, atractivo, alejado de tanta maldad, y más acorde a un plano relajado y más esperanzador por así decirlo.

Si algo debe de tener un trabajo de esta categoría, es una portada acorde al flujo y reflujo de música que un grupo como EVOKEN es capaz de ofrecer al oyente, en general tenemos un libreto y un diseño abierto, maduro, reflejando la melancolía y la tenebrosidad, mención aparte merecen las letras, destacando principalmente el aire fúnebre que los de New Yersey han mantenido desde entonces, a mi modo, es una de las portadas más elaboradas del conjunto donde se pueden ver esas figuras negras encapuchadas alejándose de lo que parece ser un pozo de peste y putrefacción. Una imagen perfectamente personificada y unida a toda esa amalgama que envuelve la caracterización global del grupo.

Este es uno de esos discos, que mientras más lo escuchas, más te llena; y además a cada escucha uno descubre más pasajes, y melodías que antes no había discernido con claridad. Hablemos de los cortes más relajados “A tenebrous Vision” y “Requies Aeterna”, de dos minutos cada uno, el primero es llevado por una leve y misericordiosa melodía a piano que sirve un poco de calma ante tanta gravedad sonora,  “Requies Aeterna” está más esmerado, cuidando los fragmentos acústicos y de violín, con una melodía mucho más asequible y agradable que la del interludio anterior, resultando ser más hermosa para el paladar, la mejor defición para describirla, sería algo así como un halo de luz ante la inverosímil apuesta de canciones inhóspitas como la introducción al álbum, “Atra Mors” navegante de porquería y mugre, con guitarras rozando la pretensión incandescente del viento recubierto de hojas, los lúgubres encantamientos del vocalista John Paradiso, rugen como una bestia sedienta de carne… El bajo se aprecia más de cerca, el piano hace su agosto intercalándose con ahínco y una soledad patente en toda regla.

“Descent Into Chaotic Dream” tiene ese sonido tan típico de los norteamericanos, los punteos parecen disueltos de letanías y encantamientos dispares. Los tonos vocales no son tan bruscos y se disipan con suma delicadeza, casi 5 minutos, donde la finura de las seis cuerdas se dislumbra en el entorno cuchicheando con un arpegio más nítido, menos abrasador, el bajo de David Wagner resuena con una producción muy cuidada, ligando los cuchicheos espectrales del guitarrista Chris Molinari, las cenefas alargadas y los chirridos de fondo desencadenan una canción pesada, más melódica, descendiendo perfectamente al caótico sueño que EVOKEN quiere anunciar en su lírica, y especialmente arraigada en el nombre que da título a este tema. Es uno de esos tracks, donde más trabajo tiene el teclista del grupo, el señor Don Zaros que se marca un dueto con las guitarras, realmente espectacular de poner el bello de punta.

Siempre resulta difícil reseñar un trabajo de estas características, sobre todo si hablamos de EVOKEN, donde cada tema tiene duración aproximada de 10, 11 y hasta 13 minutos. Y ya no sólo eso, son canciones muy variadas, no es la típica banda Doom que se repite hasta la saciedad y termina aburriéndote. En ocasiones este género puede resultar demasiado empalagoso, por eso no es apto para todos, su lentitud y espesura así lo confirman, además puede amargar hasta un ciego, si bien “Atra Mors” es más que eso, es música para el deleite puro de unos pocos…

Los dos temas finales, no podrían ser menos atrayentes, puras joyas para el disfrute de los que realmente aprecian el Funeral Doom, por encima de otros géneros. “The Unechoing Dread” irrumpe con un zigzagueo sustancial y lacrimoso, con un chorro de voz demoníaco, se vuelven a repetir los esquemas que hemos visto antes, aquí el tono vocal es el que tiene las de ganar, totalmente turbulento, aparte veremos un apartado menos transgénico, figurando un estante de monjes en pleno acto, reunidos como en una secta, la muerte está presente, la insinuación de lo oscuro preexiste por encima de todas las cosas, todo ello pintado con una emotividad vocal desconcertante por momentos, el resto es hasta más oscuro que el brote sugestivo del inicio, el concluyente pasaje del final no tiene desperdicio, las guitarras se vuelven más extremas trazando un sonido más Stoner que de costumbre, apoteósico e imaginativo, ilusorio, todos los componentes se emplean al máximo y el resultado no podría ser más sobresaliente.

El chirrido de cuerda, (violines de fondo) reabre las puertas del mal, hasta que las guitarras cogen el relevo y ambas partes, se deslizan al mismo nivel metódico que por instantes tambalea la escucha con una interpretación del teclista Don Zaros, donde veremos uno de esas teclas finísimas, más propias del cine de terror, “Into Aphotic Devastation” ha hablado, bombardeando nuestros oídos como de costumbre, el nuevo viaje de EVOKEN hasta las profundidades no es más de lo mismo, la evolución marcada por John Paradiso y compañía, es otra muestra más de la calidad de esta gente, cada vez más cerca de la devastación suprema. DISCAZO con mayúsculas…

Componentes:

Vince Verkay – Batería
John Paradiso – Voces y guitarra
Don Zaros – Teclados
David Wagner – Bajo
Chris Molinari – Guitarra

Tracklist:

01. Atra Mors 11:54
02. Descent into Chaotic Dream 11:14
03. A Tenebrous Vision 02:19
04. Grim Eloquence 09:40
05. An Extrinsic Divide 10:11
06. Requies Aeterna 01:59
07. The Unechoing Dread 09:47
08. Into Aphotic Devastation 10:07

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Autor: Francisco J. Román

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